10.6.08

MIS HÉROES: ANTONIO MORENO ALFARO


En España, que ha puesto de moda y consagrado los latiguillos "te lo juro", "si quieres que te diga la verdad", "la verdad", como una epidemia idiotizante para salpimentar cualquier declaración anodina y perfectamente falaz, no hay nada que esté más devaluado que la verdad. Y, como es lógico, quienes investigan los fraudes y las estafas a los ciudadanos, para descubrirlas, contarlas y combatirlas, se ven rebozados en la más atroz indiferencia de los afectados, que ni siquiera tienen el resorte básico de supervivencia para interesarse por saber qué y quiénes los alienan, los anulan y los extorsionan.
En este país privilegiado del primer mundo, donde la quinta parte de la población está por debajo del umbral de la pobreza, y la mitad se hipoteca durante treinta años o cuarenta años para tener una casa, con tal de imaginarse que pertenecen a la clase media y que son propietarios, cuando sólo son deudores y arrendatarios de un banco; en este país que ha multiplicado los títulos universitarios entre quienes tienen a bien estudiar y aprender lo imprescindible para aprobar, mientras que se exige cada vez menos a los titulados universitarios, y la noción de cultura general se ha convertido en una lista de conocimientos de inútil aplicación, no es de extrañar que los ciudadanos padezcan una idiocía moral que los incapacitaría legalmente para ejercer sus derechos y deberes civiles, si no fuera porque a esta entelequia de democracia le conviene esta masa amorfa que ignora sus derechos, y se mueve a golpe de emociones exacerbadas contra fantasmas creados para que descarguen ahí su indignación, para compensar su falta de dignidad.
En este miasma social, los héroes no son los que luchan un día a vida o muerte, y vencen o mueren gloriosamente. Los verdaderos héroes no son impulsivos ni temerarios, no necesitan público ni aplausos, y la indiferencia no los descorazona. No son conscientes de su heroicidad cuando se enfrentan cada día a un enemigo poderoso sin arredrarse con la dificultad y los fracasos. Son Sísifos perseverantes que empujan la roca hasta la cima, y vuelven a empezar una y otra vez, cuando las represalias se les vienen encima tratando de aplastarlos. Y si están cansados, si les falla el ánimo, si les asalta la tentación de abandonar su lucha, no se permiten el lujo de cultivar sus debilidades como el resto de los mortales. Y como ellos hay uno entre un millón.
Antonio Moreno Alfaro es uno de esos héroes. En su página web, www.estafaluz.com detalla cada una de sus denuncias, señala los culpables, los cómplices, y facilita un formulario para calcular y reclamar el dinero que, en justicia, deben devolvernos las compañías eléctricas.
Y por una mera cuestión de decencia ciudadana, no deberíamos dejarlo solo, a no ser que merezcamos que nos estafen. Porque lo único que produce ganancias millonarias es la estupidez ajena.

Gatopardo

1 comentario:

Antonio Marín Segovia dijo...

APRENDER A PENSAR CRÍTICAMENTE

Erich Fromm

Hay que aprender a pensar críticamente. El pensamiento crítico es la única arma y la única defensa que tiene el hombre frente a los peligros de la vida. Porque si yo no pienso críticamente, estaré sujeto a todas las influencias, a todas las sugerencias, a todos los errores y a todas las mentiras que se difunden, y con lo que me han adoctrinado desde pequeño.

No se puede ser libre, no se puede ser uno mismo, no se puede tener el propio centro en sí mismo, a menos que uno sea capaz de pensar críticamente y, si se quiere, cínicamente.

Pensar críticamente significa hacerse consciente. los niños, desde luego, son mucho más críticos que los adultos. Cuando un niño oye decir a su madre a la señora X, que viene de visita: "Ay, cuantísima alegría me da verla!!", y seguir profiriendo todo el rato lindezas semejantes... hasta que la seora X se va y entonces, le dice a su padre: "¡Gracias a Dios, que ya se ha ido!", bueno, pues el niño ve esta inconsecuencia y quizá se atreva a preguntar, pero poco a poco le irán reprimiendo el pensamiento crítico. La madre, o le dice una mentira, o se irrita, o se avergüenza, o le dice: "¡Tú no lo entiendes!", y así le va sofocando todo pensamiento crítico hasta que deja de tener ideas.

El pensamiento crítico es la facultad humana específica. El pensamiento instrumental, o sea, pensar cómo conseguiré, qué haré para coger esto y aquello, cosa que hacen muy bien los chimpancés. De hecho, los chimpancés son unos animales con una inteligencia instrumental excelente. En experimentos, han cumplido tareas tan difíciles que muchas personas no habrían podido hacerlas. En cambio, la facultad de pensar críticamente es una dote natural exclusiva del hombre y es a la vez su único recurso. Sólo con el pensamiento crítico puede el hombre apreciar la realidad. Por eso, desde un punto de vista puramente biológico, podemos decir que, cuanto más cerca esté uno de la realidad, tanto más capaz será de vivir su vida adecuadamente. Y cuanto más lejos esté de la realidad, cuanto más engañado esté, tanto menos capaz será de enfrentarse a la vida de forma adecuada.

En su introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx escribía una frase que también podría ser el lema del psicoanálisis: "La exigencia de renunciar a los engaños sobre la propia situación es la exigencia de renunciar a una situación que necesita del engaño" (K. Marx, 1971, página 208). Porque si no eliminamos los engaños, mantenemos vivas las circunstancias insanas que sólo a ellos deben su existencia.

El pensamiento crítico no es una ocupación, sino una facultad. No es algo a lo que se dedique un filósofo cuando hace de filósofo ("¡vean, heme aquí pensando críticamente!") y pueda dejar de hacer, como al quitarse la chaqueta cuando vuelve a casa. Es una cualidad, una capacidad, una actitud, un modo de entender las cosas. "Crítico" no quiere decir hostil, negativista o nihilista. Al contrario, el pensamiento crítico está al servicio de la vida, eliminando los obstáculos individuales y sociales que nos paralizan.

Pero si vivimos en un mundo que hace todo lo posible por disuadir del pensamiento crítico, se requiere valor para ejercerlo, aunque tampoco se debe exagerar este valor necesario. Hablo del pensamiento crítico, no de la acción crítica ni de la expresión crítica. El hombre puede pensar críticamente incluso bajo la tiranía. Si no quiere arriesgar la vida, no podrá hablar críticamente, pero sí podrá pensar críticamente. Y así será mucho más libre y feliz que el hombre atrapado en sus ideas, preso de una doctrina en la que no cree. Se podrían escribir volúmenes sobre la relación entre el pensamiento crítico y la salud mental, la neurosis y la felicidad. Si los filósofos en general hablasen más ad personam, refiriéndose más a lo que significa la filosofía en su vida y en la vida de ustedes, el pensamiento crítico, en efecto, la filosofía sería mucho más evidentemente un terreno de gran importancia personal. Porque, hablemos de Socrates, Espinosa o Kant, lo esencial de ellos es que nos enseñan a pensar críticamente.

 
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