17.10.08

Y AHORA QUÉ


¿Y AHORA QUÉ?







Cuando yo era niña una de mis
hermanas recibió una carta proponiendo un juego casi didáctico
que consistía en enviar una peseta a quien te la mandaba,
antes de reenviar cartas idénticas a otras cientos de
personas. De esta forma que la peseta invertida acabaría
convirtiéndose en varios cientos de ellas gracias a las
generosas inversiones de los ilusos receptores que quisieran se
decidieran a participar en el interminable sistema, siempre cuando,
claro está, nadie rompiera la cadena. Así fue como
comprendí en que consistía un sistema piramidal. Para
cuando RUMASA tuvo que ser intervenida, como el resto de la gente de
mi generación, ya entendía perfectamente los
fundamentos de una “economía insostenible, e
identificaba como tal la imparable huída hacia delante del
sistema consumista que nos ha envuelto.



Ahora me resulta evidente que esto de
la burbuja inmobiliaria y la crisis del sistema financiero es tan
esperable en el mundo capitalista como los gases después de
una copiosa comida, o como una indigestión después de
una extremadamente excesiva.



La crisis del sistema financiero es la
demostración de que la economía de mercado es
insostenible y sin embargo, todos los gobiernos se empeñan en
usar el dinero público en rescatar los restos de su
pronosticado naufragio, intentando reflotar la ingobernable nave de
la parásita banca, sin cuestionarse la utilidad de invertir
tantos esfuerzos en revivir un sistema, además de injusto,
suicida.



Los “grandes capitales, y el
exquisito grupo de sus afortunados propietarios, ésos que
acaudalan y controlan las mayor cantidad de riqueza del mundo a costa
de las penurias ajenas, consolidan de esta forma su posición
en la cúspide de una pirámide cuyo peso hemos de seguir
aguantando los de siempre, la clase trabajadora, a pesar nuestro y
con la connivencia de sus humildes servidores, a saber, nuestros
“democráticos” mandatarios.



En la trastienda quedan los mecanismo
del por qué y para favorecer a quien pero nuestros Gobiernos
se apresuran a respaldar con capital público, los
“imaginarios fondos” de los grandes bancos, verdaderos
artífices de la caótica situación, y mientras
tanto los ciudadanos de a pie, los que en lugar de ahorros convivimos
con una hipoteca, acostumbrados a verlas venir, pasamos del trabajo
al paro o de una economía doméstica ajustada a aumentar
nuestro nivel de endeudamiento hasta donde el sistema nos lo permite,
con un gobierno que aquí y ahora se llama socialista, una vez
más, sin la más mínima ayuda.







Milagrosa Carrero Sánchez





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