2.1.09

Redefinir ¿ qué? ¿para qué?

José Manuel Barreal San Martín

Vuelven los analistas de todas las ideologías a realizar sus pronósticos sobre el futuro del capitalismo. Ninguno pronostica su final o al menos una mínima reconversión más social, ya que no socialista; sí pronostican, evaluando a priori la actual crisis de los ricos que bueno, que esto dará un giro, - no saben si para bien o para mal-, pero de cualquier manera el sistema no se derrumbará: se “redefinirá”. ¿Cómo un mero parche o cómo una clonación? Para lo cual se reunieron este quince de noviembre en la ya famosa cumbre de Washington.

A mi modo de entender el tema y más allá de los acuerdos que hubiesen alcanzado, el sistema hará su reflexión y seguirá, en el fondo, como siempre. Tal vez el “libre” mercado tendrá más cuidado a partir de ahora; no obstante las clases permanecerán y su diferencia más acusada. Al menos, esa tendencia se vislumbra a tenor de la oportunidad que esta crisis está concediendo para el poco explicado cierre de empresas, con el consiguiente paro galopante que de ello se induce. Aún así, los medios de comunicación se empeñan en dar razones y explicaciones a la crisis con argumentos, una y mil veces repetidos: las bolsas se hunden; hay falta de confianza; el paro aumenta; nuestros ahorros peligran... Una vez más, quieren que interioricemos que todo es debido a la propia naturaleza humana, en este caso a la avaricia y la codicia de unos banqueros. Que la crisis es algo que nadie ha creado, que se ignora de donde procede, es un fenómeno por sí mismo y no por alguna causa, es decir una especie de ser abstracto sin causa, sin principio. Algo metafísico.

Sin embargo, parece inevitable extrañarse de algunos acontecimientos que están sucediéndose. Y preguntarse, por qué ahora el Estado dejó de ser el problema para volver a ser la solución; por qué el capital tiene siempre al Estado a su servicio, ya por vía de la regulación, ya por vía de la desregulación. La verdad, que es fuerte lo del Estado, en las últimas décadas fue vilipendiado desde el neoliberalismo, luchando con furia por su desaparición o, en su caso, por su mínima actividad. Ahora, la izquierda comienza a hacer bandera de él diciendo que vale más eso que nada (lo de virgencita que me quede como estoy). Marx tenía razón en eso de que, el estado, era de y para una clase. Es necesario pues, preguntarse – con José Saramago-“… que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto… la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca ¿dónde está la izquierda?”.

Lo que están haciendo los diferentes estados, incluido el español, es subsanar las pérdidas de los bancos y demás entidades financieras con el dinero de los y las contribuyentes, para que cuando escampe la tormenta volverlos rentables y revenderlos a sus «legítimos dueños», que son los banqueros. Lo expresa meridianamente bien Rafael Torres (La Nueva España, 9 de octubre) “Para que los bancos puedan seguir prestando y las empresas de los bancos invirtiendo, el Estado mete la mano en las arcas comunales y pone a su disposición, con extrema longanimidad, un dineral que luego, cuando al final del ejercicio la banca haga balance de sus descomunales beneficios, no habrá de reintegrarse con sus correspondientes intereses al erario, por mucho que se nos intente convencer de que lo hará por oscuros y misteriosos meandros.” Esto es la redefinición, lo demás pamplinas.

Me temo que la llamada “refundación del capitalismo” va a resultar una cortina de humo para ocultar y al tiempo justificar los miles de millones de euros que les va a costar a los contribuyentes de todos los países este grosero festival de “libertad económica” en el que organismos, personas y un largo etcétera se han solazado Constituirá un conjunto de parches que no van a solucionar los problemas de fondo y obviamente, no impedirán que dentro de unos cuantos años ocurra otra crisis como la actual. O tal vez peor.

No es aventurado dudar de los reunidos este quince de noviembre en Washington. ¿No son los países que desde la década de los ochenta han desregulado sistemáticamente el mercado financiero, posibilitando la aparición de esta grave crisis? Son también los mismos países que han construido un discurso ideológico que ha servido de coartada para acrecentar hasta niveles extraordinarios las riquezas de los banqueros y de los más pudientes, mientras se ha ignorado absolutamente la precaria situación del resto de personas y países. Los que se reunieron este sábado son, en definitiva, los responsables de lo que quieren arreglar. ¿Qué se puede esperar entonces de ellos?

Permítaseme finalizar con unos versos del poeta griego Yannis Ritsos: “No se oye nada. Cerradas con llave las casas. Cerrados con llave los corazones. Cerradas con llave las bocas. Nada”

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