6.1.09

Un genocidio es un genocidio, aunque lo llamen guerra defensiva

Albert Recio

Esta es una nota de urgencia. De rabia e impotencia. Para constatar, una vez más, que Israel tiene total impunidad para practicar cualquier barbaridad sobre el pueblo palestino. Muchos de quienes callaron el exterminio de los campos nazis podían alegar que no se habían enterado, que el holocausto ocurría en espacios cerrados, fuera del ojo público. Y que estaban sometidos a un régimen dictatorial que impedía la disensión abierta. Pero el genocidio, la limpieza étnica que practica Israel, su ocupación sistemática de nuevos territorios, la expulsión y expropiación de tierras y derechos, y el uso masivo y despiadado de su fuerza militar viene ocurriendo delante de todo el mundo. Convirtiéndose ahora en la noticia de portada de las fiestas navideñas. Muestra no sólo la crueldad y la impudicia de los políticos israelíes (la que explica tan bien el pequeño-gran film israelí “Los limoneros”), sino el cinismo de quienes les apoyan. Sabemos que los hombres de Bush han sido tan genocidas como sus aliados. Pero que Obama esté aún de vacaciones (y con una futura secretaría de Estado netamente aliada del lobby pro israelí) no augura cambios significativos. Por no citar a nuestro “progresista” Ministro de Exteriores, que mientras con la boca pequeña condenaba la dureza israelí en voz clara acusaba a Hamas de haber roto la tregua.

Muchas de las actuaciones de Hamas son sin duda incomprensibles, como el disparo de cohetes a territorio israelí, injustificables moralmente e inútiles en el plano militar. Pero una actitud que ha estado precedida, una vez más, por una agresión continua israelí durante la tregua. Si uno repasa las hemerotecas del mes de noviembre pasado, lo que encuentra son dos cosas: bombardeos “selectivos” de Israel causando muertos en Gaza y bloqueo sistemático de los accesos a la llegada de ayuda humanitaria. Como puede aprender cualquiera que haya visitado o leído sobre los campos de exterminio, el hambre y las privaciones mataban tanto o más que los crematorios. Nadie en los meses finales de la tregua denunció los bombardeos ni los bloqueos de Israel. Poner a ambos contendientes en la misma balanza es una muestra del servilismo de nuestro Gobierno hacia el Imperio decadente y una garantía de que seguiremos sin hacer nada para cambiar las cosas. Oponerse a los EEUU e Israel es sin duda necesario pero de difícil impacto. Exigir la responsabilidad a nuestro ministro debería ser un ejercicio básico de ética democrática.

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