28.9.09

VERANO DEL 75

Al hilo de las memorias de Tomas Pellicer (el que felicito por su libro) sobre el 27 de Sept. del 75, me permito mandaros las mías, para que entre todos rompamos el silencio que quieren imponer a "nuestra historia".
Rafael Seco de Arpe. Alias: "Fierro" o "Albufera"

VERANO DEL 75

Recuerdo aquellos días como si siempre fuera de noche...

El tiempo matiza los recuerdos, los difumina hasta hacerlos desaparecer o los realza y los transforma o los llena de color. Es un misterio el criterio por el que nuestra mente criba la memoria.

Recuerdo una sucia taberna de la calle Apodaca, donde en el mohoso hueco de un baldosín roto del retrete, recibía los clichés del "Vanguardia Obrera", y las correspondientes citas para entregarlo. Llevaba todo el maldito verano de 1975 viviendo en un piso de Coslada en el que teníamos instalado un aparato de propaganda. Hoy no sería capaz de encontrarlo, era un bloque de nueva construcción, en mitad de la nada y enfrente de un ambulatorio en construcción, (o en ruinas, que para el caso es lo mismo), a lo lejos, en las noches interminables y calurosas, en las que trabajábamos duro para hacer periódicos y panfletos, escuchaba los pitidos de las locomotoras de la estación de clasificación de Vicalvaro. Era un sonido que me traía la vida y el movimiento que existían más allá de nuestra agobiante tarea. Con artilugios artesanos y con viejas multicopistas que apenas funcionaban, elaborábamos la propaganda que otros camaradas utilizarían en su lucha y que daban cohesión a la organización. Por eso los aparatos de propaganda eran tan buscados por la policía. Estábamos desconectados de todo el mundo. A pesar de ello, algún domingo me saltaba las normas de seguridad y a las 12 tenía una cita con mis padres frente al Parque Móvil en la calle de Bravo Murillo y después de dar muchas vueltas con el coche, para asegurarnos que nadie nos seguía, nos íbamos a comer a algún merendero del río Jarama.

El piso de Coslada estaba vacío. Un colchón en el suelo, un par de taburetes y muchas cajas que servían de sillas y mesas. Nada de lámparas que den una luz acogedora, nada de cómodos sofás, nada de televisión, nada de música. Era como si el gozar de la más mínima comodidad fuera a minar nuestro pétreo espíritu comunista. Recuerdo, todavía con el corazón encogido, la tremenda soledad, los días que pasaban uno tras otro sin hablar con nadie, y cuando no podía más, me escapaba a alguna cabina para llamar a Consuelo, oír su voz e imaginarme su sonrisa. Por la noche solía pasear por las desiertas calles con la esperanza de encontrar algún bar donde me pudieran hacer un par de huevos fritos para cenar.

La célula que formábamos el aparato de propaganda la componíamos:”Juanito” que era el dueño oficial del piso, y yo. En pleno verano se nos unió otro camarada: Pito, con el que compartimos soledades, trabajos de tinta y rodillo, reparto de paquetes de propaganda y cenas frugales de pan con mortadela y botellin. Sabía manejar offsset, pero allí solo teníamos imprentillas, vietnamitas y una vieja multicopista. Un buen día desapareció y para estupor nuestro lo volvimos a ver en las portadas de los periódicos. Le habían detenido acusado de la muerte de un Teniente de la Guardia Civil.

Juanito tenía una vespa con la que repartíamos los paquetes de propaganda a los contactos de la organización. Los escasos momentos buenos de aquel terrible verano los viví a bordo de la motocicleta, con el viento en la cara,¡que sensación de libertad!. (Raimon compuso “Al Vent” subido en una Vespa”).

Hubo más detenciones, más fotos en los periódicos, mas muertos…se hablaba de consejos de guerra y de penas de muerte. Juanito y yo teníamos la angustia de una tenaza que se iba cerrando sobre nosotros. Dejaron de llegar las citas y los clichés para imprimir el Vanguardia Obrera. A veces nos parecía que solo quedábamos nosotros….Juanito y yo decidimos dejar el piso por una temporada y yo me fui a compartir la habitación que tenía Consuelo en la calle Sancho Davila.

Fueron días confusos llenos de rumores, parecía que estaban ocurriendo muchas cosas de las que nadie hablaba, las noticias eran escasas. La gente marchaba cabizbaja, con alguna mirada de soslayo a los grises que patrullaban con la metralleta en bandolera y el dedo en el gatillo. Había historias de enfrentamientos, de asaltos a cuarteles del ejército, de guardias civiles ahorcados en Valencia o tiroteados en Madrid, de camaradas torturados salvajemente…Algunas resultaron falsas pero la mayoría eran ciertas.

Consuelo alquiló junto a sus hermanas un piso precioso en la calle Fuencarral. Las estuve ayudando en el traslado. Era todo exterior y tenía mucha luz pero había un problema, Jesús O…. Salía con su hermana y según las normas de seguridad no nos podíamos ver, pero si queríamos estar con las chicas era inevitable. A pesar de ello, por lo menos teníamos la precaución de no hablar de nada relacionado con nuestra militancia y de no salir nunca juntos por la calle, lo que constituía una tortura para todos pues éramos muy amigos. De todas maneras la sensación en la calle era de una gran inseguridad. En las zonas donde había casa de militares patrullaba el ejército, y grupos de sociales y grises paraban a los transeúntes en cualquier lugar para identificarles. La sensación era de Estado de Excepción no declarado….

La noche del 26 al 27 de Septiembre estuvimos en el piso de Fuencarral, pendientes de las noticias y velando a nuestros camaradas hasta muy tarde. Yo no podía dormir pensando en Pito y me di un paseo largísimo por las calles de Madrid, que aquella noche me parecieron más oscuras y siniestras que nunca. Esas calles desiertas, húmedas, y que no llevaban a ningún sitio, con el peligro acechando en las esquinas, o en los negros coches de los sociales, se me siguen apareciendo en mis pesadillas. Yo sabía que no tenía familia y me preguntaba si pasaría en soledad la última noche de su vida. Tiempo mas tarde me enteré de que un funcionario, saltándose las normas de aislamiento, estuvo con él acompañándole en la celda y dándole conversación y consuelo. Siempre me he preguntado que se puede decir a una persona que va a ser ejecutada para ayudarla a pasar el trago. La figura de este funcionario quedo en la leyenda y en su libro “Notas de Prisión” de Manuel Blanco Chivite lo menciona de pasada. Muchos años mas tarde, casi se podría decir que en otro mundo, nos reuníamos habitualmente para comer los compañeros del Centro de Salud del pueblo de la sierra de Madrid donde vivo y trabajo, con los empleados del Ayuntamiento. Hice amistad con Miguel….el secretario, hombre sencillo y bondadoso, de trato fácil y mente abierta. Junto con Mariano, el practicante de toda la vida del pueblo, pasamos agradables sobremesas charlando sobre lo divino y lo humano. Un día se sentó con nosotros uno de los abogados del Ayuntamiento, que dándoselas de listillo nos soltó: ¿a que no sabíais que la canción de Aute “Al Alba” está dedicada a los últimos fusilados por el franquismo en Septiembre del 75?. Pues claro, ¿ahora te enteras?,le contestamos y Miguel añadió: Y aquello fue muy especial para mi, a lo que yo tensé las orejas:¿Y eso?....Porque yo entonces era funcionario de prisiones, aquella noche estaba libre de turno pero me llamaron a casa y tuve que acompañar a los reos toda la noche. Había uno que estaba solo, sin familia, así que me metí con él en la celda, estuvimos toda la noche charlando y bebiendo copitas de coñac…me impresiono mucho, cuando se lo llevaban me dio un abrazo de despedida, a raíz de aquello caí en desgracia y acabe dejando lo de las prisiones. Para entonces yo ya me había puesto de pie con toda la carne de gallina y le pregunte: ¿Estuviste con Pito?...si, ese era su nombre en su partido ¿Cómo lo sabes?....Porque yo era su camarada de célula en el aparato de propaganda. Nos abrazamos los dos impresionados y Mariano pidió Champán para celebrar este encuentro, ante la mirada atónita de los presentes. Puse en aviso a Blanco Chivite que vino a entrevistarlo para su libro: “De bar en bar hasta llegar al mar”. Las vueltas que da la vida….

Volviendo a la madrugada del 27 de Septiembre de 1975, yo me desperté pronto y salí a trabajar (estaba empleado en las oficinas de una empresa de transportes). Oí en la radio del quiosquero que hay en la entrada del metro de Quevedo la noticia de que los habían fusilado. Algo se debió de romper en mí porque sentí que la rabia me trastornaba, y ocurrió un incidente demostrativo de la tensión que se vivía, al bajar las escaleras del metro me cruce con gris que salía. Le debí de mirar con tal odio que se dio la vuelta y salio por las otras escaleras.

Todos esperábamos una gran respuesta a los fusilamientos pero el “follón” se organizó en el extranjero. Aquí había silencio y rabia contenida, El Partido y el Frente estaban desmantelados y el resto de las organizaciones se escondieron. Hubo pintadas, siembra de octavillas y algún conato de “salto”. Solo en el País Vasco se produjo una Huelga General. El 1º de Octubre el régimen organizó una concentración de apoyo en la Plaza de Oriente ante la tremenda presión internacional y la retirada de embajadores. Era un día laborable y yo estaba trabajando en las oficinas de los almacenes que la empresa Maresa tenía en Embajadores, pegados a la estación de Las Peñuelas. Me crucé con grupos de fascistas que provocaban a los transeúntes, obligándoles a besar la bandera nacional y a que saludaran brazo en alto. A la salida de los metros grises con metralletas y caravanas de Jeeps, que circulaban lentamente. La gente hablaba en murmullos o simplemente no se hablaba. Se mascaba el miedo en la calle. En un momento de aquella mañana alguien dijo: “Han matado a un policía armado en La Elipa”. Al rato: “Han matado a un policía en le barrio del Pilar”. “No hombre si ha sido en la Elipa”. “Ese ha sido otro”. Han matado a un tercero en Los Carabancheles” “A otro lo han matado en Villaverde”…….Aquello era la guerra. Desde el almacén veíamos pasar a los fascistas gritando “asesinos” a la gente que se asomaba y metiéndose con todo el que se cruzaban. Un cartero que se refugió en el almacén nos pidió ropa de paisano porque temía que le confundieran con un policía, (el uniforme de cartero también era gris con gorra de plato).

Han pasado muchos años, España ha cambiado y yo también, pero la sensación de jubilo que tuve aquella mañana no se me olvidara nunca. Se ha hablado de aquellos atentados como una provocación, pero yo los viví como una respuesta, una respuesta que esperábamos todos a los fusilamientos del 27 de Septiembre. A pesar de la represión el movimiento seguía vivo, había esperanza en el combate. Alguien se había atrevido a desafiar al sistema, la losa se estaba resquebrajando. Así lo sentí yo, así lo sintió mucha gente y así lo sintió el régimen. Nadie reivindicó los atentados, todo el mundo dio por sentado que había sido el FRAP y a nosotros (mi caída), nos acusaron de ello. Incluso hubo una segunda caída de miembros del FRAP en Noviembre del 75 a los que también les acusaron de estos atentados. Luego resultó que había sido el GRAPO, ¿Por qué no lo reivindicaron entonces?. Estas preguntas se pierden en la nebulosa des-informativa que envuelve aquellos días. Siempre he pensado que hubo algo de acción espontánea, de improvisación, (utilizaron un martillo y un hacha y viejas pistolas de la guerra civil, y según testigos fueron gentes mayores y no jóvenes). Independientemente de quienes lo hicieran, las consecuencias para mí fueron las que he expresado anteriormente. Las pistolas que quitaron a los agentes muertos, aparecieron meses mas tarde escondidas en un bosque, muy cerca de donde vivo actualmente, entonces se dijo que era un zulo de ETA,

Fueron experiencias que no se olvidan, (ni quiero olvidarlas), que han pasado a formar parte de nuestra pequeña historia personal y de la “Historia” con mayúsculas de este país.

A quien no ha vivido el terror que producía la policía política, la policía armada, la guardia civil… le puede parecer extraña la euforia que sentí cuando vi a aquel cartero, quitándose el uniforme para que no le confundieran con un gris. Ahora, por fin, eran ellos los que tenían miedo.

Rafael Seco de Arpe. Septiembre del 2009.

3 comentarios:

Aurelio de Paz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola Chito.
Me ha emocionado tu artículo. Llevo tiempo intentando contactarte. Soy J.O.
Dime cómo puedo hacerlo.

Un gran abrazo.

RAFAEL dijo...

chitoseco@terra.es

 
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