21.3.10

COMANDO EN ISAAC PERAL

Rafael Seco de Arpe en 1972
Aquella tarde de primavera, subía una fresca brisa desde el Parque del Oeste, que anunciaba el verano. Bajamos paseando desde el Parque Móvil hacía la “Universitaria”, como tantas tardes solíamos hacerlo. Me gustaban aquellas calles rectas que iban hacía el campo, ese lugar fascinante y que estaba tan lejos. Desde las aceras de Donoso Cortes o Fernández de los Ríos, se podían ver los picos de las Sierra del Guadarrama como moles oscuras que cerraban el horizonte. Muchos años mas tarde, estoy escribiendo este relato desde mi casa, sita precisamente en uno de los valles mas bonitos de dicha Sierra.

Repasamos una vez más la coartada: Somos amigos del barrio, nos conocemos del club parroquial del que somos socios. Vamos dando un paseo hasta los bares de Princesa a ver si ligamos. Yo no sabía muy bien lo que iba a pasar. Carlos me dijo que era un salto de la FUDE por la huelga de Medicina. El curso siguiente esperaba hacer el COU y luego estudiar esa carrera. En aquellos días, nuestro futuro estaba tan lejos como los picos de la Sierra del Guadarrama.

A las siete en punto desembocamos en la calle Isaac Peral desde la de Donoso Cortes. Mi decepción fue enorme. Allí no había ninguna manifestación. En la calle, coches y autobuses transitaban sin problemas y por las aceras paseaban las mismas personas que en un día normal. Solo los bares o las paradas de los autobuses estaban anormalmente llenos. Carlos no se inmutó y me animó a que le siguiera como si no pasase nada.
De improviso, unos chicos que iban delante de nosotros y que parecían venir de una piscina, pues llevaban unas toallas enrolladas bajo el brazo, corrieron hasta el centro de la calle, se pusieron a dar palmas y desplegaron las toallas que resultaron ser banderas republicanas y rojas con las siglas de FUDE-FRAP rotuladas en negro.

Aquel instante cambió mi vida. El tiempo se detuvo y el silencio forzado de aquella época oscura se rompió en cientos de pedazos ante mí. Era jueves, 1 de Junio de 1972.

Toda la gente que esperaba el autobús, que llenaba los bares, que paseaban por la acera, e incluso que estaban escondidos en los portales, “saltaron” al centro de la calle con el ímpetu de una fiera:

¡FRAP, FRAP, FRAP!,¡FRENTE POPULAR!- ¡ABAJO EL FASCISMO¡ ,!ABAJO EL FASCISMO¡.
La engañosa tranquilidad de la tarde se había roto con un trueno imparable que hacía temblar los edificios. Me quedé parado, impresionado por la ferocidad de aquellos gritos. Carlos me empujó y salté a la calle. Me puse en cabeza de la manifestación. Algunas personas llevaban barras de hierro en las manos. Por fin me atrevo a gritar yo tan bien. Puño en alto, mirada al frente. Es una furia que sale de dentro.

Un grupo se separa de la manifestación y corre hacia el rectorado, la pareja de grises que custodian la puerta, al verlos venir, salen corriendo hacia el camino del tranvía, al saltar el seto a uno de ellos se le cae la gorra, que deja abandonada. Alguien rompe una ventana, escucho los cristales rotos, e inmediatamente explota una enorme llamarada que llega hasta las ventanas del segundo piso, el rectorado está ardiendo. El grupo vuelve a la manifestación.

En el mesón conocido como el Parador de la Moncloa se produce un altercado con unos individuos que estaban sentados en una mesa. ¡Son sociales, a por ellos! Esas palabras me impresionaron, no fueron: ¡sociales, cuidado!, ni ¡Huyamos hay sociales! Era terror lo que producía la policía política y aquellos tipos (y tipas), del FRAP se fueron directamente a por ellos.

Con esa combatividad desembocamos en la calle Princesa. Yo no dejaba de mirar a todos lados, quería que no se me escapase nada. Allí se estaba haciendo historia. El tráfico detenido, la gente asombrada, alguno se unía, otros simplemente sonreían y otros huían. Vigilaba con recelo la actitud de los centinelas del Ministerio del aire, pero solo se les veía expectantes.  De pronto se escuchan unas detonaciones secas y todo se paraliza. Nos miramos unos a otros en medio de un impresionante silencio. Alguien grita: ¡Vamos seguid, no pasa nada! ¡FRAP, FRAP, FRAP, FRENTE POPULAR! Los gritos arrecian con nueva furia, pero la gente marcha mas junta, como buscando la protección de los compañeros. Al llegar a la altura de la calle Altamirano se escucha: ¡DISPERSIÓN!, ¡DISPERSIÓN! Y los manifestantes se diluyen por las calles adyacentes. En pocos segundos todo vuelve a la “normalidad”, pero un pequeño grupo se queda, desafiante en medio de la calle. Desde la Plaza de España sube una caravana de Jeeps con las sirenas y los destellos azules. Cuando los Jeeps llegan al cruce con Alberto Aguilera, los de este grupo abandonan unas bolsas junto a un semáforo y también desaparecen. Luego me enteré que era el piquete de defensa, los últimos en irse para proteger a los rezagados. Las bolsas contenían cócteles Molotov.  Apenas dos años después, yo mismo sería el responsable de los piquetes de defensa. Con paso rápido y el corazón desbocado subí por la calle Rodríguez San Pedro en dirección al Parque Móvil, donde había quedado con Carlos en el Club Parroquial, como “cita de seguridad” para confirmar que no nos había pasado nada. Durante toda la tarde estuvieron patrullando por el barrio los Jeeps de la policía.

En el verano del 2007, encontré en una librería de la ciudad de Ávila, un libro que se titulaba: “Estudiantes contra Franco”, Editado por La Esfera de los Libros. Y del que son autores: Elena Hernández Sandoíca, Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Marc Baldó Lacomba.   En la página 326 decía:

“El jueves 1 de Junio, una gran manifestación de mas de 800 personas de todas las organizaciones del comité pro-FRAP recorre la zona de Princesa  durante más de un cuarto de hora, con decenas de banderas rojas del PCE (m,-l), republicanas del FRAP y pancartas de las distintas organizaciones en apoyo a los estudiantes de medicina…La gente aplaude a los manifestantes y se une en grupos. Las consignas “Abajo los expedientes”, “No a la Ley de Educación” y “Abajo el fascismo”, resuenan por toda la zona. Al llagar al Pabellón de Gobierno, sede del Rectorado, se lanzan 15 botellas de gasolina contra el edificio, después de barrer a los policías que lo vigilaban, oyéndose una gran explosión acompañada de una columna de humo y grandes llamaradas. Elementos de la policía y de la Social que intentan atacar a la manifestación son puestos fuera de combate. Algunos grupos siguen después hasta Rosales.”


Puede que en verdad si estuviéramos haciendo historia.

Rafael Seco de Arpe

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